ENTUSIASMO, EL MOTOR DE NUESTRA VIDA

La semana pasada les compartía algunas reflexiones acerca de la confianza en nosotros mismos, la cual se debe fortalecer desde la infancia a partir del hacer. Hoy quiero abordar otro elemento de la personalidad del ser humano, que pienso es fundamental y determinante para el éxito personal, familiar y social. Este componente es el Entusiasmo.

Cuando en mis charlas hablo de entusiasmo, las personas se quedan mirándome como diciendo, se volvió loca, porque generalmente se relaciona con fiestas, baile, furor, etc. pero nunca se le asocia con un fundamento de la existencia. La descripción que más me gusta utilizar para este concepto es la que nos ofrece la Grecia antigua “Theu, asthma, que significa soplo interior” o  como lo define la real academia de la lengua. “Sumo interés en algo, que lleva a poner en su logro mucho esfuerzo y empeño”

Si lo ponemos en esos términos, toma un sentido mucho más profundo y aquellos que al principio dudan de mi cordura, pronto se encuentran revisando su propio entusiasmo, su pasión por la vida y por lo que hacen. Se dan cuenta en muchos casos, que al levantarse en la mañana no sienten ese impulso vital que les hace aflorar una sonrisa en la cara. Esta es la realidad del 90% de la población mundial y son muy pocos quienes tienen el privilegio de estar haciendo lo que realmente les apasiona o de tener una motivación clara diariamente; muchos ni siquiera saben o han descubierto qué les entusiasma y que no necesariamente tiene que ver con el trabajo o la profesión, pueden ser los hijos, la familia, los amigos, un voluntariado, etc.

Sin embargo, para efectos prácticos abordaré el entusiasmo desde el punto de vista profesional o laboral. El origen de la realidad descrita se ha identificado en algo muy simple que ocurrió y aún hoy ocurre en muchos hogares y que me gusta describir a manera de ejemplo con una simple frase “¿Y usted de qué va a vivir? los artistas se mueren de hambre”. Es ahí donde radica la esterilización del entusiasmo, pues si como padres no nutrimos el impulso natural de vivir con pasión y atacamos cualquier intento de hacer algo fuera de los estándares, estaremos condenando a los hijos a vivir mecánicamente.

No quiero sonar fatalista ni mucho menos irreverente, pero si al niño que en el colegio le apasiona y ves brillar sus ojos haciendo revueltos de tierra, champú y agua, soñando con ser un gran científico, lo regañas y le dices que está perdiendo el tiempo o que eso no es para él, lo pones en clases extra de matemáticas, historia o lo que sea porque va raspando en sus calificaciones; estás poco a poco llevándolo a dudar de su verdadera pasión. Seguramente será un niño que llegue a la universidad a ser administrador de empresas, abogado, doctor o cualquier otra maravillosa profesión, pero en el fondo de su alma – su soplo interior – se habrá escondido para manifestarse con esa sensación de no sentirse satisfecho diariamente y le faltará ese pequeño impulso para conseguir la felicidad que tanto añoramos para nuestros hijos. Ojalá que ese niño tarde o temprano, encuentre el científico escondido y aunque sea por pasatiempo, haga experimentos con sus hijos y alimente ese elemento que lo motive

Pero no nos vayamos tan lejos con los niños en edad escolar, pues los más pequeños (1 a 3 años) son quienes más fuerza interior tienen y quienes más entusiasmo demuestran diariamente, porque para ellos el mundo es el parque de diversiones más maravilloso donde pueden explorar y divertirse, relacionarse con las cosas y personas, saber que confías es ellos permitiéndoles investigar con la seguridad de que estás ahí para apoyarlos y protegerlos; no para ofrecerles todo tipo de entretenciones (pantallas, juguetes, actividades, cursos, etc.) pues el entusiasmo por lo que se hace debe venir desde adentro, de la capacidad de disfrute, de la posibilidad de aburrirse y de la certeza de tener un entorno y unas personas a quienes puede acudir para pedir ayuda, compartir sus logros o aquietar su mente y es aquí donde se engranan la confianza y el entusiasmo.

Como papás debemos evitar ser tan controladores de las actividades de nuestros hijos (recordando que siempre hay límites mínimos a respetar), procuremos nos resolver todo por ellos, promovamos la creatividad pues esta es una fuente inagotable que permite sacar a flote el entusiasmo que se asienta sobre el crear. Dejemos los NO para situaciones que realmente puedan poner en peligro la integridad de los niños y mejor pensemos que para todo NO siempre debe haber un SI (Ej. Cambiar el no cojas ese vaso, por un con este vaso plástico sí puedes jugar) así podremos guiar a nuestros hijos a querer salir a la vida y quererla vivir con alegría.

Escrito por Juliana Jaramillo

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