LA SALUD DE NUESTROS HIJOS

En los últimos años se ha venido viendo con más frecuencia, sobre todo en países europeos, pero permeando con fuerza en la cultura latinoamericana, el movimiento “anti-vacunas”. Dicho movimiento originado en Inglaterra en el año 1998 y que se trasladó a Estados Unidos utilizando figuras mediáticas importantes como actores y presentadores de televisión, en un mercado de casi 400 millones de habitantes, comenzó a crecer sobre bases muy poco sólidas y el público compró la idea sin percatarse del riesgo y de la irresponsabilidad tan grande que se estaba generando al desvirtuar uno de los avances científicos más importantes de la historia, las vacunas, un avance que salva millones de vidas al año y que esta siendo rechazado por miles de padres que están dispuestos a poner en peligro a sus hijos y, de paso, al resto de población .

Dicho movimiento se asienta sobre la idea errada de que las vacunas, en particular la Triple Viral (SRP – Sarampión, Rubeola y Paperas) están relacionadas con que los niños desarrollen alguna clase de autismo. Nada más lejano de la realidad y de la seriedad de un estudio científico, pues las pruebas que llevaron a esta afirmación se hicieron con una muestra de tan solo 12 niños, cuando la población infantil mundial es de 2.100 millones niños, es decir un 0,000000571% de la población fue estudiada, lo que le resta significancia. De hecho en el año 2011 el diario Médico Británico (The British Medical Journal) publicó que el médico que lideró el movimiento “había planificado una serie de negocios para obtener millones aprovechándose del miedo hacia las vacunas que su fraudulenta investigación iba a infundir al público” y se le prohibió ejercer la medicina por su actitud deshonesta e irresponsable en ese estudio.

A propósito de esto, hace unos días leí un artículo que me hizo reflexionar sobre este tema y es la razón por la que decidí hacer este escrito. En él se afirmaba que el mundo se encuentra en alerta, pues derivado de los movimientos anti-vacunas, enfermedades que se creían casi erradicadas se encuentran disparadas, a propósito de la epidemia de casi 3000 casos de sarampión informados en Italia y la muerte de varios niños, en uno de los casos cuyos padres se negaron a ponerle vacuna contra el tétanos tras un accidente. 

1.Los datos epidemiológicos disponibles demuestran de forma concluyente que no hay pruebas de una relación causal entre los Trastornos del Espectro Autista -TEA y la vacuna contra el sarampión, la parotiditis y la rubéola. Los estudios anteriores que señalaban una relación causal estaban plagados de errores metodológicos.1,2 Tampoco hay prueba alguna de que otras vacunas infantiles puedan aumentar el riesgo de TEA. Las revisiones de los datos científicos sobre la posible asociación entre el riesgo de TEA y el tiomersal utilizado como conservante o el aluminio empleado como adyuvante en las vacunas inactivadas demuestran de forma concluyente que las vacunas no aumentan dicho riesgo 

Soy consciente de que este es un tema espinoso y que puede herir susceptibilidades de los padres defensores del movimiento anti-vacunas, pero me veo en la obligación como madre y como miembro de la comunidad educativa, de hacer un llamado de atención para que antes de tomar decisiones tan importantes sobre la vida de nuestros hijos y el impacto sobre su salud y la de sus compañeros de clase, nos informemos adecuadamente y no promovamos “modas” que puedan comprometer el adecuado desarrollo e integración de nuestros hijos. 

En Colombia muchos padres han comenzado a hablar de este movimiento y por fortuna, no ha tenido tanta fuerza como en otros países. De hecho en nuestro país, muchos pediatras están optando por promover las vacunas no gratuitas (las que ofrece el gobierno en hospitales y puestos de vacunación) y apoyan el que los niños reciban vacunas con costo. Mis hijos y los de muchas familias que conozco han recibido las vacunas del gobierno y han gozado de buena salud, pero estaría de acuerdo con la alternativa de pagar por las vacunas a dejar a la suerte la vida de los niños. 

Quiero invitar a los padres de familia a que si tienen dudas con respecto a las vacunas de sus hijos se asesoren y consulten con el pediatra. Incluso en los hospitales o en los centros de vacunación de las diferentes instituciones de salud, se pueden consultar folletos y adquirir información seria que les permitirá saber la importancia de las vacunas para los niños y la comunidad en general. 

 

Escrito por Juliana Jaramillo, Coach certificada en Disciplina Positiva

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