¿Qué me pasa? Manejo de emociones

octubre 16, 2018

Desde el momento mismo de nuestro nacimiento estamos expuestos a una cantidad de sensaciones físicas y emocionales que muchas veces ni siquiera podemos describir. Si esto ocurre como adultos, imagínense lo que puede ser para un niño que aún no reconoce con claridad los miles de estados anímicos por los que pasa día a día. Por esta razón, la educación para las emociones o comúnmente llamada Inteligencia emocional, es una de las tareas que tienen padres y maestros, pues es clave que los niños aprendan a manifestar sus emociones sin hacerle daño a otros y a ser empáticos con los demás.

Para poder hablar de esta regulación de las emociones, lo primero será reconocer la etapa de desarrollo en la que se encuentra el niño. Por ejemplo, sabemos que entre los dos o tres años son muy comunes las rabietas, luego hacia los 9 años los niños estarán pasando por una especie de “aburrición” permanente, en la que nada les gusta, y así sucesivamente. A lo largo de la vida hay diferentes etapas que por su puesto van a acompañadas de sensaciones, emociones y sentimientos muy claros y manifestados de diversas formas. La clave será educar a los menores para que al atravesar cada momento sepan manejar sus emociones.

Nótese que hablo de manejar y no de controlar, porque el control hace referencia a un bloqueo y los bloqueos cuando de emociones se trata, son todo menos sanos. Bloquear las emociones hace que se busque otra forma de manifestarlas que no siempre será adecuada. Por ejemplo y puedo imaginar que a muchos les ha pasado que cuando se preocupan, en lugar de tener una reacción acorde con este sentimiento (sentir ansiedad, nerviosismo, incertidumbre) se ponen de mal genio y regañan. Esto es muy común en personas a las que cuando se enfrentaban a un riesgo que les producía miedo, angustia o preocupación, la reacción de sus padres o cuidadores era “no se gallina, se va a asustar por tener que caminar a oscuras por el corredor?” o el niño que al caerse y rasparse una rodilla, desde lejos le gritaban “no pasó nada, levántese y siga. No llore”.

Esas y otras reacciones de bloqueo son las que evitan que la persona logre una madurez emocional que le permita actuar adecuadamente ante cada situación y cuando de niños se habla, bloquear las emociones en lugar de lograr resolver el problema, por ejemplo de las pataletas, lo que hace es incrementarlas en frecuencia e intensidad y cuando es un adulto que no ha logrado gestionar adecuadamente sus emociones, será una persona que siente resentimiento (consciente o inconscientemente), no logra plenitud emocional aunque tenga cubiertas todas las necesidades básicas (es una persona que siente tensa con facilidad) y le será muy difícil expresar lo que siente de forma proporcionada.

Entonces, para desarrollar una sana manifestación de las emociones se debe trabajar sobre 3 elementos fundamentales:
1) Identificar las emociones propias y también identificar las emociones que están experimentando los demás;
2) Saber qué es lo que me está pasando, pensar qué es lo que me está haciendo sentir de esa manera para autorregularme y
3) aprender a expresar y a canalizar las emociones de tal manera que fortalezca las relaciones interpersonales y no que las deteriore.

Para abarcar esos tres pilares, se debe promover que haya espacios en los que los niños puedan pensar sobre sus emociones (qué sienten ellos y qué creen que sienten los demás), poner en palabras la forma más adecuada de expresar y regular las emociones dando gran importancia a la comunicación con los padres, profesores y pares, para canalizar la energía que producen las emociones, manifestarlas y expresarlas de tal forma que les permita sentirse aliviados y tranquilos en todo momento.

Para los niños pequeños los dibujos y juguetes son de gran ayuda pues así pueden ver y procesar esas emociones, en estas edades se debe actuar más y hablar menos. Cuando los niños son un poco más grandes, una conversación con algo de reflexión será muy importante, pero esto solo será efectivo en el momento que el niño se encuentre tranquilo y relajado para promover además una comunicación fluida.

Una gran herramienta para ayudar en esta formación, es mirarnos a nosotros mismos pues los niños por lo general son el reflejo de lo que ven. Todas las emociones tienen un componente psicológico que se verbaliza al ponerle nombre (bravo, triste, cansado, asustado, etc.) y va acompañado de un componente físico (tensión en la mandíbula, ponerse rojo, temblor en las manos, etc.) cuando se logra identificar, en qué parte del cuerpo se sienten las emociones, más fácil será liberar esa tensión y expresarse sanamente. Por ejemplo, cuando una persona está muy brava, siente tensión en las manos, las piernas e incluso en la cabeza, por esa razón muchas veces el mal genio va a acompañado de violencia (en niños y adultos un mordisco o un golpe a otros o a las cosas) Si al estar de mal genio se siente tensión en las manos, se puede hacer el ejercicio de respirar para liberar tensión atreves de la circulación del aire y de ir soltando las manos como haciendo arañita con los dedos.

Las emociones como dije antes, manejan energía y la energía debe fluir para no quedarse encerrada y estallar haciéndole daño a otros o a nosotros mismos. Una gran responsabilidad es encontrar la mejor forma de expresar las emociones sin perder el control y al ver el panorama completo, la buena gestión de las emociones nos permite ser asertivos en la comunicación, coherentes con nuestro proyecto de vida (hacer lo que nos gusta y disfrutarlo sin hacerle daño a otros) y apoyar al crecimiento de otros que estén a nuestro cuidado.

Para finalizar les dejo este ejercicio de comprensión de emociones, que espero puedan poner en práctica en casa y aprovechar para una reflexión con los niños y recuerden que Cuando le damos poder al sentimiento positivo, logramos transformaciones contundentes en la vida.

Ejercicio: La Rabia
Si nos llenamos de rabia y no decimos lo que nos molesta o no sabemos expresarlo, EXPLOTAMOS.

Materiales:
Una botella plástica pequeña, ¼ de vaso de Vinagre, 2 cucharaditas de Bicarbonato de sodio, colorante, una bandeja, agua

Procedimiento:
Ubique la botella sobre la bandeja y llene la botella con agua aproximadamente hasta la mitad. Agregue el bicarbonato y el colorante. Finalmente agregue el vinagre y vea lo que ocurre.

Fuente:
Juliana Jaramillo Portella
Coach de crianza positiva padres Kids Town.