LOS MEJORES PADRES DEL MUNDO

julio 9, 2018

 

El día que recibimos la noticia de que seremos padres del primer, segundo o tercer hijo; la cabeza y el corazón estallan de alegría. Queremos gritarle al mundo nuestra emoción y todo el entorno cobra una magia especial que nos hace vivir un sueño lleno de emociones, miedos (no pocos) pero en general una ilusión que nunca antes hemos experimentado. 

Esa ilusión se va traduciendo poco a poco en una realidad que definitivamente queremos vivir y que desde cualquier contexto, es ver nuestro hogar y vida completos. Los primeros meses transcurren entre cansancio, sueño, algunas veces mal genio e incluso melancolía, pero sobre todo pasando horas completas admirando la maravilla de vida que tenemos a nuestro lado y que no queremos dejar de mirar hasta que hayamos aprendido de memoria su carita y podamos verla aún con los ojos cerrados. 

Con los días, meses y años nos encontramos en una dinámica familiar más estructurada, los niños comienzan a explorar el mundo y a relacionarse con otros; y nosotros a hacer todo lo posible para darles le mejor. Y cada cosa que hacemos créanme que la hacemos bien, la hacemos bien porque sale de nuestro corazón, de nuestro instinto y de la búsqueda de lo mejor para ellos. Entonces, ¿en qué momento nos comenzamos a cuestionar nuestra capacidad para ser los mejores papás, para darle lo mejora nuestros hijos y ayudarlos a crecer como seres humanos íntegros y maravillosos? ¿En qué momento comenzamos a dudar si trabajar, si dejar el trabajo, si inscribirlo en el jardín, si estimulación, si dejarlos con los abuelos, si la niñera, etc., etc.? 

Demasiada información y el cansancio físico nos pueden llevar a tener estas dudas, pues está claro que algunas de nuestras grandes ojeras no provienen solamente del cambio de pañales y de ser el chofer de los niños, sino de algunas noches en vela haciendo una evaluación del alma y de nuestros actos, buscando con ansias alcanzar la capacidad de criar a esos hijos para que lleguen a ser maravillosos seres humanos. Lo que sí les puedo decir, es que el simple hecho de actuar en todo con amor, compasión, comunicación, honestidad, ética y perdón; hacer lo que esté a nuestro alcance por ser buenos padres, será haber hecho todo lo humanamente posible y nos convierte en los mejores padres del mundo. 

Lo más importante es dejar la ansiedad y el querer ser perfectos, claramente no vamos a saber exactamente qué hacer ante cada situación y debemos permitirnos el privilegio de ir aprendiendo sobre la marcha, permitirnos fallar. Claro que debemos corregir cuando sea necesario pero sobre todo, controlar la impaciencia, el estrés o la intolerancia y vencer la culpa, el cansancio y la desesperanza. Todos estos estados nos llevan a actuar de maneras equivocadas y a no tener claridad sobre qué hacer en determinados momentos. 

 

Los padres debemos hacer un ejercicio de reordenar nuestras prioridades para lograr un equilibrio entre trabajo y ser padres y si alguno de los dos está tiempo completo con los hijos, con mayor razón deber permitirse cometer errores y recuperarlos, pero sobre todo debe sacar tiempo para sí mismo, debe contar con el apoyo y la ayuda de su pareja o terceros para recomponer sus estados de ánimo y no dejarse llevar por la angustia de que el tiempo no alcanza para cumplir la labor dentro de casa o dentro y fuera de ella cuando se trabaja. 

La invitación es entonces a confiar en sus capacidades como padres y entender que es normal cuestionarse, sentir inseguridad y angustia sobre la manera en qué están educando a sus hijos. Ser afectuosos, usar un lenguaje amoroso y cálido; buscar diferentes formas para tener una comunicación más abierta y cercana con ellos; pero también corregir, decir NO, ser firmes al hablar y algunas veces imponer alguna regla en casa. Los niños necesitan que los comprendan, los apoyen y estimulen, pero también requieren que los orienten, les pongan normas y les ayuden a entender que hay que esperar, que son responsables de sus actos y que no pueden tenerlo todo inmediatamente. 

Cada vez que se miren al espejo o se estén preguntando si lo están haciendo bien, recuerden que ustedes son los mejores padres del mundo para su hijo y él es el niño más afortunado del mundo por tenerlos a ustedes en su vida. 

Ref. www.inteligenciafamiliar.com 

Ref. www.lds.org 

 

Escrito por Juliana Jaramillo