¿POR QUÉ MIS HIJOS SE COMPORTAN PEOR CUANDO ESTAMOS EN PÚBLICO?

junio 3, 2018

Si eres padre de niños pequeños, entre los 2 y los 6 años, habrás notado que el comportamiento angelical y compuesto que generalmente demuestran en casa y en el colegio, se transforma en un torbellino de energía que algunas veces logra acabar con la paciencia del más estructurado coach en crianza.

Algunos padres pierden la compostura y hacen un berrinche igual al del niño cuando comienzan a gritarlo pidiendo que deje de gritar. Otros se convierten en experimentados atletas que corren la milla detrás de estos enérgicos angelitos y hay otros que, en un lapso de cinco minutos, dejan de respirar varias veces, al ver a los niños correr hacia o cerca de las estanterías de cristales, botellas de vino o perfumes (aclarando que la predilección de un niño en una tienda será correr alrededor de lo más costoso de todo el local)

Dicho esto y habiendo descrito una escena bastante común para todos nosotros y de la cual fui protagonista hace pocos días, decidí hacer un análisis detallado de lo que ocurre en estas situaciones y concluí que los padres de familia nos hemosconvertido en expertos “Desastrólogos”, si se me permite utilizar el término. Estamos tan preocupados porque nuestros hijos se comporten de forma adecuada, educada y juiciosa, previendo todo tipo de desastres, que terminamos descargando una fuente de estrés verbal o mental tan alta en nuestros niños, que logramos un efecto completamente contrario al deseado. Adicional a lo anterior, cuando a los niños de las edades mencionadas los intentamos controlar y reprimimos sus impulsos infantiles, lo que hacemos es que producimos en ellos el efecto de un globo de aire al que inflamos e inflamos hasta que el caucho no resiste más y estalla el mal comportamiento.

No estoy diciendo que debemos dejar que los niños hagan lo que sea en cualquier lugar, a lo que me refiero es a que debemos buscar un equilibrio y marcar límites, pocos pero claros, para que nuestros hijos sepan en concreto lo que se espera de ellos y nosotros debemos aprender a identificar las señales que indican que estamos alcanzando el límite de la paciencia, aburrimiento y cansancio de los pequeños. Una visita al museo será espectacular siempre y cuando después de una hora de caminar y escuchar explicaciones, busquemos un espacio donde los niños puedan jugar, comer algo e incluso correr libremente sin hacer daños o molestar a los demás visitantes. Y cuando de un restaurante se trata, la clave estará en tener actividades para hacer en la mesa. Dibujar, jugar adivinanzas, tener un tarrito pequeño de plastilina o hacer magia con las servilletas de la mesa; esto hará la espera de la comida lo más amena posible y seguramente al momento de comer, los niños estarán mucho más atentos a su plato, que si los has tenido controlados sin poderse mover durante un tiempo largo.

Finalmente, quiero retomar un artículo anterior en el que hablaba de las consecuencias. Pues si bien es cierto que podemos buscar hacer cosas que mantengan el equilibrio para que las experiencias y las esperas sean menos tortuosas para los niños, también debemos saber y hacerles entender que no siempre se puede jugar o correr y que romper los pocos límites establecidos o caer en comportamientos completamente inaceptables (como por ejemplo pegarle al hermano o romper alguna cosa) tendrá una consecuencia inmediata que haga de la situación una oportunidad de aprendizaje.

Recordemos entonces que cuando de crianza se trata, los padres nos enfocamos en querer lo mejor para nuestros hijos y en enseñarles herramientas de vida para que puedan ser exitosos y buenos miembros para la sociedad. Las consecuencias lógicas y naturales permitirán entonces responsabilizar al niño (no a los padres) de su propia conducta; Posibilitar a los niños tomar decisiones acerca de qué conductas son las más adecuadas y facilitar la comprensión de sus acciones en un sentido más amplio, más impersonal y más social. Al tener las reglas de juego claras, menos probable será que estalle el comportamiento inadecuado y como padres nos ayudará a no explotar pues simplemente tendremos que poner en práctica las consecuencias previamente establecidas.

No pretendamos tener hijos perfectos, los niños hacen cosas de niños, nosotros debemos ser sus guías para que logren manejar lo que yo llamo la brújula interna que les active el autocontrol, que les será útil a lo largo de su vida. También debemos respirar profundo y poner en práctica la paciencia y conectar con las necesidades de nuestros hijos para hacer de cada momento, una buena experiencia para recordar de forma grata y divertida.

Escrito por Juliana Jaramillo, Coach certificada en Disciplina Positiva